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Evaluación de la Piel:
Antes de comenzar el tratamiento, se evaluará tu tipo de piel, condiciones específicas y cualquier preocupación que puedas tener.
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Limpieza Profunda:
Se utiliza un limpiador suave para eliminar maquillaje, impurezas y células muertas de la piel. Algunos tratamientos incluyen la vaporización para abrir los poros.
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Exfoliación:
Se aplica un exfoliante para eliminar las células muertas de la piel y promover la renovación celular. Esto ayuda a mejorar la textura de la piel.
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Extracción (si es necesario):
Se eliminan comedones y puntos negros manualmente o con herramientas específicas.
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Mascarilla Facial:
Se aplica una mascarilla adaptada a las necesidades de tu piel. Puede ser hidratante, purificante, calmante o rejuvenecedora.
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Tonificación:
Se aplica un tónico para equilibrar el pH de la piel y prepararla para la absorción de productos adicionales.
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Masaje Facial:
Un masaje facial ayuda a relajar los músculos faciales, mejorar la circulación sanguínea y proporcionar un efecto relajante.
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Aplicación de Sueros o Tratamientos Específicos:
Dependiendo de tus necesidades, se pueden aplicar sueros o tratamientos específicos, como antioxidantes, ácido hialurónico o tratamientos antiarrugas.
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Hidratación:
Una crema hidratante adecuada para tu tipo de piel se aplica para mantenerla suave e hidratada.
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Asesoramiento y Productos para el Cuidado en Casa:
recomendaciones sobre productos para el cuidado en casa y consejos para mantener una rutina efectiva.